10.04.2024

Hoy queremos dedicar nuestro espacio a compartir la vida y la experiencia musical de Glòria Miquel, una gran profesional de la música, la cual nos comparte que “la viola vino a buscarla casi por casualidad”.

Esta profesora de viola de la Escola Municipal de Música Can Roig i Torres, en Santa Coloma de Gramenet, y del Centre Professional del Liceu, en Barcelona, era una prometedora estudiante de conservatorio de piano hasta que empezó a interesarse por el mundo de la viola.

Durante sus estudios de pianista, gracias a sus compañeros de instrumentos de cuerda, se le despertó un gran interés por un instrumento en particular, la viola. Aunque ya estaba en los últimos años de Conservatorio, no dudó en cambiar su sueño y convertirse en Violista.


En la actualidad, Glòria Miquel ejerce como profesora de viola en alumnos de 7 hasta los 16 años. La docente se encarga de transmitir a sus alumnos su pasión por la música y el amor por el aprendizaje de un instrumento que, como ella dice, prácticamente la vino a buscar. Esta profesora de música cálida y apasionada huye de la rigidez y apuesta por aprender de forma divertida, introduciendo juegos y desafíos y combinando la música con otras disciplinas, como la literatura. De momento –asegura– los resultados no han podido ser más satisfactorios.

  • El paso del aprendizaje de un instrumento de teclado, el piano a la viola, ¿cómo se produjo este trasvase?

Empecé a tocar el piano a los 6 años, simplemente porque era el único instrumento que tenía a mano. Iba haciendo mis exámenes en el Conservatorio del Liceu y fue cuando ya estaba cursando los últimos años (un período que en aquella época se llamaba "virtuosismo"), cuando descubrí que necesitaba un cambio de perspectiva en la música. Y que eso pasaba, en primer lugar, por un cambio de instrumento. 

  • ¿Cómo ocurrió?

Me sentía muy sola como pianista. Cuando tocaba en grupos de cámara, me sentía fascinada por las conversaciones que tenían mis compañeros de cuerda: que si arco arriba, que si arco abajo, cuántas notas ligamos, aquí mejor en la mitad superior… A partir de allí, decidí empezar mi aprendizaje en un instrumento tan espectacular como es la viola, porque es el instrumento que está en medio del “meollo”.  Yo siempre digo que hace de Maizena, porque liga las tesituras extremas del sonido.

  • ¿Crees que en la actualidad sigue habiendo instrumentos, como en tu caso el piano, que los alumnos escogen prácticamente por inercia sin valorar otras opciones?

Afortunadamente los tiempos han cambiado mucho y ahora los niños pueden escoger entre casi todos los instrumentos de la orquesta. En este sentido, también es importantísima la labor de los docentes, que podemos ayudarles y asesorarles en esta decisión tan importante.

  • ¿Qué hay que tener en cuenta a la hora de escoger un instrumento?

Sea el instrumento que sea, la primera condición es que el alumno se sienta a gusto con él, tanto corporalmente como con la emisión del sonido. Ese primer paso lo tienen que decidir ellos. Si acaban escogiendo la viola, yo seré su compañera y guía de viaje todo el tiempo necesario para hacer que el trayecto sea lo más enriquecedor y divertido posible.

  • De hecho, acompañas a tus alumnos en unos años muy decisivos de sus vidas, como violistas y como personas. 

La mayoría de mis alumnos han empezado mis clases del aprendizaje de un instrumento a los 7 años y están conmigo aproximadamente hasta los 15 o 16 años. Siempre he intentado que crezcan bien organizados como violistas y, sobre todo, como personas. ¡Se establece un vínculo muy bonito entre nosotros! 

  • Como profesora de música, defiendes que el juego puede estar ligado al aprendizaje de un instrumento. ¿Cómo lo llevas a cabo?

Desde el año 2004 estoy trabajando en un juego que se llama El Torneig de les 4 cordes. El objetivo es que los niños aprendan la técnica básica a través del juego y funciona para los cuatro instrumentos de cuerda, como por ejemplo la viola. Los ejercicios están divididos en diferentes bloques, como puede ser el trabajo de arco, de la mano izquierda, de las escalas... Incluye un vídeo y una explicación para que lo puedan entender bien y es una manera de que trabajen más en casa. En la Escola Can Roig se lleva a cabo el torneo desde 2008 y los resultados son excelentes. ¡Los alumnos aprenden mucho y se lo pasan muy bien!

  • También compaginas la música con la escritura. ¿Cómo conviven ambas disciplinas?

Hace años que escribo unos cuentos en los que el protagonista, el Gat Blau, vive diferentes aventuras. Alternamos el texto con efectos que hacemos con el instrumento y canciones que adapto a los diferentes niveles de mis alumnos.

Mi intención es colgarlos pronto en la web para que cada cual los adapte a sus necesidades, ¡pero al final siempre prefiero ser más creativa y hacer nuevos cuentos que pensar en la web! 

  • ¿En qué hay que fijarse a la hora de adquirir un instrumento como la viola?

Normalmente mis alumnos empiezan a alquilar violas para poderlas cambiar cuando les van pequeñas. Considero que es a los 13 o 14 años, cuando ya han crecido bastante y se puede ver su complexión, cuando es recomendable comprar la primera viola. Es un momento muy importante y siempre los acompaño. Hay muchos factores a tener en cuenta, pero pienso que los más importantes son que el tamaño sea el adecuado (¡con las violas tenemos mucho donde escoger!) y que tenga un buen sonido, equilibrado en todas las cuerdas y en las diferentes posiciones.

  • ¿Qué consejos le darías a un niño/a que está empezando con el aprendizaje de un instrumento, en tu caso la viola?

Que convierta la viola en su mascota, y recuerde siempre que a las mascotas hay que cuidarlas y mimarlas cada día.

Si una cosa queda clara tras escuchar a Glòria Miquel es que son necesarias muchas cosas para que el vínculo con un instrumento musical perdure en el tiempo. Desde las circunstancias personales a detalles no menos importantes como la calidad del instrumento, disponer de tiempo para practicar, tener las herramientas necesarias para hacer frente a las crisis que aparecen en la vida de cada músico y, por supuesto, tener un buen docente. Este debe saber acompañar a cada alumno en el fascinante viaje que tiene lugar junto a su instrumento, tener psicología, paciencia y, como es el caso de esta docente, auténtica pasión por una profesión que no cambiaría por nada.

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